Artículos sobre El Barroco y su mundo

Andalucía, puerta del Barroco: “Miró al soslayo, fuese, y no hubo nada”

Un artículo de Manuel Broullón para El Reto Histórico

Aquel discurso de Don Quijote (1605), que comienza diciendo “…dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima…” (Quijote I, XI); quisiera yo que viniera tan a pelo en la ocasión presente, cuando muchas son las minas –en el sentido más lato del término, no sólo económico–, pero pocas las que proporcionan oro verdadero.

¿Qué entendemos cuando utilizamos el término “barroco”, sea como sustantivo, ya como adjetivo? ¿A qué se refiere?

Nos enseña la Teoría de las Artes que el Barroco como movimiento estético coincide con la llamada “Edad de Oro”, esto es, con los siglos XVI y XVII, en virtud de un desplazamiento paulatino desde el Renacimiento, al que engulle y transforma, ora como evolución, ora como reacción.

Empero, la imagen que hasta nosotros ha llegado de los Siglos de Oro de la Cultura Hispánica –también, claro está, Hispanoamericana, al otro lado del Atlántico–, a menudo se ve contaminada por tantas leyendas –unas más negras que otras–, como por el deslumbramiento de un tipo de arte marcado por el exceso espectacular católico; especialmente a partir del impulso de la maquinaria propagandística contrarreformista en sus manifestaciones callejeras andaluzas. Una estética por cierto, reinventada por completo en el XIX.

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